Liberalismo y neodemocracia

Banqueros Capitalismo

Mucha gente tiene claro que neoliberalismo y democracia son conceptos antagónicos. Pero, ¿por qué se usa el prefijo “neo” en estos casos? ¿Por qué no hablar de la relación entre “neodemocracia” y “liberalismo”?

En nuestros institutos se suele contar que antes había una sociedad estamental dividida en privilegiados y no privilegiados, y estos últimos se rebelaron capitaneados por la burguesía para luchar por la justicia y la libertad. Viviendo en un sistema liberal capitalista, es lógico que el sistema educativo tenga que convencer a los estudiantes de las bondades del sistema o por lo menos, de que es lo menos malo que puede haber. Pero decir que luchar por la libertad de mercado es luchar por la libertad es como decir que luchar por el derecho a poder violar es luchar por los derechos. Por su propia naturaleza, el mercado se rige por la ley del más fuerte. Un mercado que funcionase democráticamente, es decir, basándose en lo que la gente decidiese en común y no en el valor del dinero, dejaría de ser un “mercado” para convertirse en una “planificación”. Cuanta más intervención democrática tenga un mercado, menos libertad de mercado existe, y viceversa. Las leyes del mercado no se detienen ante la miseria ni la moral.

Lo primero que hicieron los liberales al llegar al poder, ya fuese por medio de la violencia o del pacto con la nobleza (la opción que fue más común), fue destruir todas las regulaciones económicas que había (sobre gremios, propiedades no negociables, precios…). Cuantas más cosas o personas (me refiero a como mano de obra contratada) se pudiesen comprar y vender, más progresista y avanzado sería ese Estado. Por cierto, la competitividad capitalista desatada desde entonces es lo que iniciaría también una destrucción medioambiental sin precedentes.

Las respuestas sociales a esta opresión liberal consiguieron, después de años de huelgas y agitación, el sufragio universal y otros derechos. Estas concesiones contribuyeron a darle apariencia democrática al sistema burgués, pero el mayor impulso para la asociación entre liberalismo y democracia vino de la propaganda anticomunista. Hoy en día la amenaza bolchevique parece algo muy irreal pero en los años 50, tras haber derrotado militarmente a Hitler y con medio mundo en manos de los comunistas, había mucho miedo hacia lo que los obreros pudieran pensar. Era necesario para el poder, contemporizar en la tasa de ganancias y montar una operación de lavado de imagen que, a la par que fuese haciendo concesiones económicas a las clases populares, no parase de llamar dictaduras a las democracias populares socialistas. Es entonces cuando los poderosos logran introducir sus mensajes en todos los hogares por medio de las cadenas que emiten por televisión, con técnicas modernas que aprovechan los avances en el conocimiento de la mente humana. Cuando las democracias populares se corrompieron y volvieron al capitalismo, todas esas concesiones del capitalismo han ido desapareciendo y ha ido volviendo a no importar mucho la apariencia democrática del sistema. Eso sí, la sutil propaganda política ha sido tal que decir que el liberalismo y la democracia son antagonistas suena mal, mientras que sustituyendo el término “liberalismo” por “neoliberalismo”, dicha afirmación suena mucho mejor.

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